La estrategia contra la inseguridad ha sido fallida en todos los intentos realizados por el gobierno. La corrupción y la militarización policial ha sido la causa de ese fracaso.
La inseguridad impone hacer una revaloración de los patrones culturales de la sociedad y cómo han venido impactando en el comportamiento individual y colectivo como generadores de violencia.
Mucho tiempo ha transcurrido sin que se realice un diagnóstico que describa las condiciones actuales de los llamados componentes criminógenos en la sociedad, las zonas de mayor incidencia de conductas antisociales y las causas que las originan.
Ya se dejó empolvar el mapa criminógeno nacional que identificaba las zonas geográficas con las principales manifestaciones de antisocialidad, como documento orientador para que los gobiernos desarrollaran programas como dispositivos eficaces para prevenir potenciales conductas delictivas.
El sistema nacional de seguridad pública, los estatales y municipales, consumidores voraces del presupuesto oficial, y que nacieron precisamente para desarrollar toda esa serie de estudios diagnósticos y propusieran a los gobiernos la implementación de programas que desarrollaran la inversión para fomentar el empleo y arraigar a la población en sus comunidades y evitar la migración. Esa misión fue desplazada por la pereza y la buena forma de vivir de la dádiva gubernamental.
Mucha culpa tiene el gobierno de las precarias condiciones de orden y cultura en el comportamiento social. El respeto a la legalidad es atropellado por la corrupción desmedida que se ha dejado arraigar no solo en el gobierno sino con las complicidades de grupos de la sociedad civil organizada. Las instituciones educativas no han tenido la fuerza disuasiva para evitar ese avance en el comportamiento antisocial colectivo.
Es una tarea en la que el gobierno y sociedad deben de corresponsabilizarse para sanear urgentemente el tejido social que se ha deteriorado de manera peligrosa. Los jóvenes son el atractivo principal para las organizaciones delictivas. Un ambiente que les ofrece todo, pero con un estándar altísimo de sacrificar su vida.
El discurso gubernamental dice que tiene en marcha diversos programas de mejoramiento y desarrollo social, pero vemos en las calles, en los cruceros de las ciudades y en las rancherías como viven nuestros conciudadanos sin los mínimos de bienestar para que las familias vivan con dignidad. La actividad delincuencial parece ser que es la mejor oferta que se le ofrece a una juventud desorientada.
Si el gobierno no satisface necesidades de empleo y ocupación digna, las organizaciones delictivas serán las que tengan todas las ventajas y recluten como lo vienen haciendo a nuestros jóvenes armándolos como gatilleros y sacrificándolos en las luchas callejeras. Abrir espacios a la educación es y tiene que ser la mejor ocupación para la juventud de nuestros días.
La prevención con la disuasión policial tampoco responde a un esquema para evitar la violencia y la inseguridad. El gobierno se hizo bolas y ya no sabemos qué modelo policial tenemos, si es civil, mixto o militar. La tendencia es tener por lo que se ve, un modelo de policía militar.
Si eso es lo que se quiere porque no se ve ninguna oposición de las organizaciones de la sociedad civil, que se reforme la Constitución Federal, y se constituya una policía nacional militar. Una propuesta que ojalá y haga reaccionar a esos organismos que se dicen de protección y defensa de los derechos humanos.
Como Morena lo puede todo y no hay poder político que se lo impida, quítenle la facultad a los estados y municipios de tener policía preventiva e investigadora y refórmense los artículos 115, 116 y también el 21, de la Carta Fundamental del País y que en los artículos 16 último párrafo y 129 de la misma Constitución, establezcan que la policía nacional sea la Guardia Nacional dependiente de la Secretaría de la Defensa Nacional, y que la investigación del delito sea competencia exclusiva del ministerio público militar.
Quizá respondan que quien esto escribe se le esfumó la materia gris y mandarlo al hospital psiquiátrico. No hay que engañarnos, Veamos a nuestro alrededor, estamos rodeados de soldados y todo lo relacionado con la prevención y la investigación sin excepción se puso en manos de la fuerza militar en funciones de policía. Ustedes tienen la palabra.
La UAS no se toca, la autonomía universitaria no se toca.




