La disciplina los obliga. En sus rostros se refleja la inconformidad y al mismo tiempo, la obligación de cumplir con una orden más que prestar un servicio.
Jueves 8 de diciembre de 2022.
El soldado es leal al uniforme que porta y a la estructura de mando a la que se debe. Maldice en silencio tener que realizar un trabajo para el que no está formado y para el que tampoco se inspiró para ser soldado.
La ausencia de una cultura policial impone al estado usar la fuerza militar para enfrentar la inseguridad y desterrar la delincuencia.
Como sociedad civil, no hemos exigido la creación de una institución civil que resguarde profesionalmente la seguridad colectiva. No nos hemos dotado de una policía garante de nuestra protección.
Patrullar las calles y atender la denuncia ciudadana, es abofetear al soldado para obligarlo que lleve a cabo esa función que detesta.
Nunca será lo mismo perfeccionar estrategias de guerra a aprender cómo tratar al ciudadano para que se porte bien.
El soldado es un hombre de honor porque se forma para entregar su vida en defensa de la patria y de sus instituciones.
El policía debería recibir una enseñanza que lo profesionalice y que sus méritos sean reconocidos como premio a su lealtad institucional.
Las jurisdicciones civiles y militares están muy bien definidas en la historia del soldado y en las constituciones de las naciones a quienes sirven.
La grandeza de un País está en las relaciones armoniosas entre el poder político que gobierna y la sociedad que produce los bienes y servicios necesarios para vivir con dignidad.
El soldado debería seguir con su misión histórica de capacitarse para la defensa de su País y el policía capacitarse para dar confianza a la sociedad y desterrar la inseguridad. Habría que sentar las bases para fijar el distintivo entre el soldado y el policía.
Estamos en un momento histórico para definir las jurisdicciones. El soldado que se forme se capacite y se promueva dentro de sus espacios militares.
Que las fronteras, el espacio aéreo y los litorales nacionales tengan el resguardo profesional de sus soldados.
Es lamentable ver como el soldado suda y se sacrifica por su obediencia más que por su amor al trabajo policial que le han obligado realizar.
La necedad del gobierno de no reestructurar las instituciones policiales está provocando una peligrosa crisis de policías que resguarden la seguridad ciudadana.
La inseguridad crece y se vuelve una lacra maldita. La impunidad también se multiplica porque el delincuente comete el delito y no es castigado.
El culpable de siempre ha sido el político que asume el turno en la dirección del gobierno y lejos de poner a profesionales policiales en las operaciones policiales y de procuración de justicia, se inclina por los amigos o por los compromisos políticos que desnaturalizan la función.
Corrupción y deslealtad al cargo gubernamental contraído, ha sido la causa por la que no haya policías profesionalmente confiables y capaces para enfrentar con eficacia la inseguridad.
La sociedad civil organizada tiene la palabra. Es la más indicada para demandar del gobierno que se atendan los lineamientos constitucionales para que el País funcione en orden y la legalidad se convierta en realidad.
Basta de obligar al soldado a trabajar en lo que no quiere. Basta de tener instituciones policiales desmanteladas y policías desmotivados en salarios y prestaciones.
Gritemos fuerte para que soldados y policías ejerzan sus funciones en el campo que les toca. La Universidad de la Policía un proyecto fracasado.
¿Usted qué opina?




