UN DESAIRE QUE CALA EN EL CIRCULO PRESIDENCIAL


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La lealtad dentro de un partido político debe ser la premisa que dé certidumbre en sus proyectos y en sus acciones de gobierno.

Marzo 12 de 2025.

La Presidenta desde el momento que es electa se produce una mutación entre su condición de aspirante presidencial y su calidad de presidenta electa. Un estatus que debe ser reconocido porque a su alrededor se teje el hilo del poder político y del gobierno.

El partido político que la eligió como su abanderada a la contienda electoral no fue solo por su lealtad partidista o por sus habilidades políticas sino por su lealtad al dirigente que creo y le dio vida política al partido que detenta el poder en México y en la mayoría de las entidades federativas.

La Presidenta desde el momento que protesta servir a México y a los mexicanos, se sacude todo compromiso al partido que la postuló y asumir su lealtad a las instituciones nacionales y hacer del gobierno el mejor aliado del bienestar y el desarrollo de la sociedad mexicana.

Lealtad a México y no al expresidente. Si el o la Presidente cumple, el partido recibe su reconocimiento otorgándole el voto popular para que siga gobernando. De lo contrario, el mismo pueblo lo castigará en una nueva elección negándole el voto y sacándolo del poder.

La estructura del gobierno federal es un tablero que dejó el expresidente, atándole las manos a la Presidenta para que ella libremente designe a los que le merezcan confianza y sobre todo lealtad. Algunos de los que nombraron en el gobierno ni confianza ni lealtad a la Presidenta, pero los tienen que tolerar.

El partido político que la llevó al mando gubernamental desde palacio nacional, no le permitió que llevara mano para nombrar a la dirigencia que con lealtad política colaboraría para conducir las riendas del gobierno. Los desatinos políticos empiezan a cobrar forma con ánimos de desestabilizar la conducción del gobierno.

Los avisos están a la vista, las acusaciones de los coordinadores morenistas en las Cámaras del Congreso Federal, de desvíos millonarios del presupuesto federal y conflictos de interés por el grave nepotismo que los señala al favorecer a parientes en posiciones de poder político en el gobierno de Zacatecas en el caso de Monreal y en Tabasco en el caso de Adán Augusto. La Presidenta por un sano respeto de independencia política los dejó que solos resolvieran esas diferencias.

Pero las deslealtades políticas siguen apareciendo y tomando características de gravedad, en el acto político convocado por la Presidenta de la República en el Zócalo de la Ciudad de México el pasado domingo ocho de marzo. Lleno de acarreados, por cierto. Los coordinadores parlamentarios de Morena y del Verde Ecologista en las Cámaras del Congreso Federal ignoraron la investidura presidencial de Claudia Sheinbaum cuando hizo su arribo al lugar del evento.

¿Distracción? Como se pretendió justificar el grave suceso político que agravió a la Presidenta. No Señora Presidenta, no fue una distracción, fue una descortesía política muy grave en contra suya porque todos los presentes en ese hecho sabían de su hora de llegada y todos debieron estar atentos a su arribo y recibirla con los honores que merece. Pero decidieron mejor lisonjear a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Un hecho que no puede ni debe soslayarse.

Ricardo Monreal, coordinador de los diputados morenistas y aliados; Adán Augusto López, coordinador de los senadores morenistas y aliados; Luisa María Alcalde, dirigente nacional de Morena; Manuel Velasco Senador del PVEM; Victoria Rodríguez Ceja, Gobernadora del Banco de México, y Alejandro Esquer, Srio. Particular de la Presidenta, son los autores que agraviaron su poder presidencial. Por lo que se ve, ellos no están dentro de ese llamado a la unidad nacional en un momento de crisis política con el gobierno de los Estados Unidos ¿Distracción o reto?

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