Ejercer la función periodística es un privilegio para los que aman la responsabilidad, la ética, la verdad y la pasión que exige esa misión esencial para informar con puntualidad a la sociedad como destinataria de la verdad.
Jueves 26 de octubre de 2023.
Como ciudadano me inspira reflexionar sobre el trabajo que realiza el comunicador profesional. Lo que la profesión le impone y lo que su conducta delata. Su objetivo debe ser la búsqueda de la verdad del hecho del que pretende informar. La nota periodística exige que sea verídica y que la formalidad de la misma se la otorgue el comunicador.
Si la información que se tiene es dispersa pero que hace posible estructurarla y darle un sentido lógico como nota informativa, el profesional de la comunicación le dará certeza a través del relato lógico que permita identificar la existencia del hecho.
El periodista busca la nota de primera página o como coloquialmente se le conoce la de ocho columnas.
Un mérito que exige dedicación, paciencia, creatividad, imaginación y mucho esfuerzo para poder conseguir ese insumo que cualifica la labor periodística.
La información periodística debe ser objetiva, debe permitir no solo el conocimiento de lo que sucede en el entorno social, sino que admita de ser necesario el debate. Por eso la importancia de que el relato del hecho que se informa tenga coherencia y que inspire confianza de la realidad de la información que se difunde.
La versión periodística debe asegurar la independencia o sea apartada de intereses personales por razones políticas, religiosas o por haber contraído compromisos económicos para informar lo que se le instruye o para denostar a personas o grupos contrarios del comunicador.
El conflicto de interés en el periodismo debe ser desterrado para preservar su independencia y su objetividad.
La independencia se pierde cuando el periodista se oferta poniéndole precio a su actividad profesional. Deja de ser objetivo porque al subordinarse a la voluntad de su controlador, la información se manipula y deja de ser verdad.
Los contratos de control de la información han hecho que cada vez se pierda la veracidad de la información y esta se difunda siguiendo líneas de intervención gubernamental para perjudicar a o favorecer a grupos determinados predominantemente por razones políticas.
Los errores inducidos, porque no son por omisión, en el contenido de las notas periodísticas deben evitarse por los daño que pueden producir en la imagen pública o la moralidad de personajes que gozan de simpatía social o política. No basta una disculpa de quien los comete porque el daño y la opinión que se crea difícilmente se puede borrar del imaginario colectivo.
Se ha vuelto común que los medios de comunicación masiva y los periodistas se presten al mercantilismo contratado. Las sumas numerarias que se reparten son cuantiosas y ello hace que la verdad no llegue porque se le puso precio, y aparezca la mentira como dueña y señora de lo ficticio. La ofensa al periodista se vuelve común por el gobernante que paga por manipular la información.
La verdad de lo que se difunde debe ser el común denominador del periodista. La interpretación de los hechos que quede a cargo de los analistas de la información, ellos la sabrán desentrañar para informar con sabiduría y con el contexto que permita los equilibrios de la historia que se relata.
Denigra la ética y el profesionalismo del comunicador cuando es cooptado por los beneficios mercantilistas. Deja de ser probo, objetivo, imparcial, humano, para convertirse en un mercenario de la comunicación.
Hoy vemos con tristeza la forma tan deshonesta con que se conducen algunas empresas que prometieron difundir la verdad y conducirse con rigurosos códigos de ética, construyendo a través del periodismo monumentos a la falsedad y sepultando la verdad.
La información falaz e impregnada de falsedad se encuentra en abundantes páginas escritas en diarios subordinados y sumisos a la paga gubernamental. La Universidad Autónoma de Sinaloa ha venido siendo el objetivo gubernamental de esa prensa que perdió su ética y su imparcialidad por unos pesos que avergüenzan.
Los contratos millonarios pagados por el gobierno trastocan valores y la esencia misma del periodismo. Ética, objetividad e imparcialidad, entre otros. Se exalta la mentira y se oculta la verdad.
La UAS no se toca, la autonomía universitaria se respeta.
¿Usted qué opina?






