ZONA DE GUERRA. ¿ZONA ENTREGADA?


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Tepuche, zona serrana del municipio de Culiacán, descuidada y entregada a las mafias organizadas del narcotráfico.


Jueves 21 de octubre de 2021.

Muchos han sido los encuentros armados en esa sindicatura, la muerte del comandante policial del lugar no hace mucho y otros enfrentamientos armados contra la Guardia Nacional y la Policía Estatal Preventiva, nada se ha hecho para recuperar la tranquilidad en el lugar.

El Gobernador saliente, se relaja despreocupado ante la responsabilidad que deja. Todavía manifiesta que se va tranquilo con lo realizado en seguridad ciudadana. Lamentablemente no hay autoridad que se encargue de juzgar la terrible tragedia que sigue bañando de sangre al Estado.

Ejércitos armados de civiles organizados. Se dedican al crimen y al contrabando de drogas y armas, no les importa realizar sus fechorías imponiendo el terror en zonas habitadas. En los últimos hechos en esa sindicatura, la población informa que después de la agresión contra personas donde asesinan y lesionan a varios individuos, sin pudor alguno todavía se toman tiempo para disfrutar de un apetitoso refresco.

Qué manera tan vergonzosa de burlarse de una autoridad que ha perdido su capacidad reactiva o peor aún, la capacidad para investigar y detener a los criminales. No son hechos aislados, si así los quiere ver el Ejecutivo saliente. Han sido muchos los hechos de este tipo y en su gran mayoría no ha habido detenciones.

Por eso decimos que es una zona de guerra no entre delincuentes y autoridades, sino entre los propios grupos rivales que quieren preservar el control de sus territorios. El vacío de autoridad impone deducir que es una zona entregada al crimen organizado.

Que ahora hubo detenidos, que bien que los haya habido, esa debe ser la premisa. El asunto es que los apresados fueron los sujetos agredidos por los que se fueron sin ser detenidos. Una tarea fácil para evitar mayores riesgos y sin necesidad de salir a la persecución de los agresores huyendo.

habrá que reconocer, que el Gobernador saliente, no se preocupó por desarticular bandas del crimen organizado, menos por detenerlos y apresarlos, por el contrario, contribuyó al descrédito nacional con la liberación de delincuentes en el muy comentado culiacanazo del mes de octubre del 2019.

Son días en que la distracción se impone. Renuncia el Fiscal Estatal y aparecen por ahí algunos aspirantes. Quizá me anime y también participe. Los tiempos de impunidad no dan para festejar un posible arribo a la titularidad de la Fiscalía, se exigirá mucho, se tendrán que asumir los riesgos que la posición representa (en la calle, en la colonia y en la sierra, no en las cómodas oficinas).

Tendrá que haber una solida coordinación con las instituciones policiales independientemente del color de su uniforme, si se quiere restituir la seguridad y desterrar la impunidad que exige la población. La coordinación mencionada, tendrá que sumar estrategias para desarticular organizaciones criminales que mucho dañan la seguridad ciudadana. La confianza entre autoridades deberá ser un imperativo, es difícil, pero es posible.

Rezago terrible en delitos sin investigar. Atraso que espanta en cumplimiento de ordenes de aprehensión. El nuevo sistema entretiene resolver el vergonzoso rezago que se arrastra de años atrás. El nuevo sistema impone además que las formalidades legales se cumplan a cabalidad, de lo contrario todo esfuerzo será desalentador.

Los ideales se plantean en la pasarela formal ante la Coordinación General del Consejo Estatal de Seguridad Pública, pero la realidad se vivirá al arribar a la titularidad deseada. Sinaloa no es un Estado para los elogios en seguridad pública y procuración de justicia. El compromiso será como enfrentar el problema y como aliviar la llaga que lastima.

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