Sinaloa enfrenta desde hace varios meses una ola de delitos que han puesto en un predicamento la seguridad general de la población.
19 de mayo de 2026.
En este fenómeno de inseguridad que azota a Sinaloa, aparecen de manera sobresaliente la participación de muchachos jóvenes. Muchos de ellos formando parte de los grupos en pugna pertenecientes al llamado “Cartel del Pacífico”.

Muchos han perdido la vida de manera violenta y otros tantos han sido levantados o desaparecidos presumiblemente por los propios grupos rivales. Su desorientación o vida sin autoridad paterna, los han orillado a integrarse a organizaciones criminales con la falsa ilusión de encontrar mejores oportunidades de vivir una vida de fantasías. Mujeres, drogas y alcohol.
Ante una situación que describe una realidad muy desordenada y de riesgos para los integrantes del grupo social del que ellos forman parte, surge la interrogante: ¿Qué papel juegan los padres de familia en este fenómeno delictivo que se vive en Sinaloa?
Los padres, son los principales promotores de la educación de los hijos. Su responsabilidad, va mucho más allá de la educación escolarizada, toda vez que sus enseñanzas inculcan valores, apoyo emocional, dotándolos de un entorno seguro y una participación activa en su identidad con la escuela.

Los padres son los que tienen la capacidad de hacerse escuchar y respetar. Un valor universal que trasciende en el comportamiento de los hijos con el grupo social en el que convive inspirado en principios de orden y de confraternidad. Los padres, tienen, además, la capacidad de dotar a los hijos de fortalezas que propicien vínculos de comunicación con los maestros y armonicen sus relaciones con los demás miembros de la comunidad escolar de la que forman parte.
Cuando se manifiesta la ausencia de ese compromiso paterno, se crea un vacío de límites que deja a los hijos sin referentes claros de su papel en una sociedad que impone conductas que en muchas de las veces lejos de fortalecer comportamientos con principios éticos, los apartan para introducirlos a las nebulosas del crimen. La ausencia patena, fomenta la inseguridad, y una notable dificultad para adaptarse a las normas sociales y de sana convivencia.
Los excesos de permisibilidad, conduce a perder autoridad y a tejer vínculos de amistad con los hijos para evitar discordias que en la más de las veces propician el rompimiento de los lazos de cordialidad y respeto. Se orillan los hijos a un precipicio que los puede conducir a la consumación de conductas antisociales en riesgo a su seguridad personal.

La disciplina y el orden en el hogar, debe ser la premisa que nos permita sanear un tejido social que desde casa se ha propiciado su descomposición. Reparar los daños del tejido social, no es una tarea sencilla. Hay que aprender en casa a decir que no, cuantas veces sea necesario. Los berrinches o pataleos en los hijos, no son más que una estrategia para conseguir lo que se quiere.
Lo más fácil para un hijo desorientado y lejos de la autoridad de los padres, es aliarse con los que le facilitan, dinero, armas, mujeres, alcohol y drogas, como ingredientes requeridos para inducirlos a la criminalidad ¿Esperar a que las autoridades responsables actúen, se podría resolver ese flagelo?
Panteones y cárceles podría ser el destino ¿Es lo que los padres quieren para sus hijos?
¿Usted qué opina?








