NAVEGANTES SIN TIMÓN


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Han armado una barcaza, pero las aguas se han embravecido. Las olas que produce el viento descompone la navegación y el timón se vio averiado.

14 de mayo de 2026.

Un buen marino cuida que en su viaje se lleve lo necesario para enfrentar situaciones adversas como marejadas en ríos o mares embravecidos. La barcaza debe ser segura y evitar contingencias que puedan afectar alguna travesía.

Un grupo de osados aventureros se animaron a cruzar un pedazo de mar, pero no supieron medir las consecuencias. Salieron sin brújula y una barcaza muy debilitada. A la orilla del mar que cruzarían gritaron para darse ánimo que alcanzarían su gloria y se aventaron en su aventura.

Como en la fantasía del arcoíris, siguieron los colores dibujados en un cielo brisado y soleado y soñaron que al final encontrarían el cántaro atiborrado de monedas que les daría bienestar en su futuro.

Los aventureros, no buscaban como defender su jubilación pues todos esos marinos gozaban de esa prestación. No se detuvieron a analizar ese derecho ya que solo les importaba el beneficio que les proporcionaba.

Encontrar el cofre al final del arcoíris era lo que más les interesaba.
Las corrientes marinas se volvieron peligrosas y no se preocuparon en analizar las debilidades de su barcaza. El deseo de seguir para encontrar el cofre que les daría alegría y gozo, se volvía cada vez más difícil de alcanzar.

Los aventureros haciendo honor a su deseo de navegar en aguas que no podían controlar, se vieron de repente ante corrientes que los podían poner en riesgo de zozobrar. Pero aun con esos riesgos, siguieron en busca del cofre que según ellos, sería su salvación.

En las cruzadas de este tipo, los supuestos derechos adquiridos y los amparos difícilmente podrían tener sustento y protección a esos derechos. Las corrientes marinas son complejas e impredecibles.

Por allá a lo lejos apareció una luz y les dio esperanzas con la idea de que podrían alcanzar una suspensión ante Poseidón para que el mar los dejara navegar.

Las aguas siguieron corriendo, la barcaza pudo encontrar estabilidad, pero las corrientes de nuevo podrían agitarse y poner en riesgo esa suspensión. El mar no es de confiar, los aventureros sabían muy bien a que peligros se podrían enfrentar.

Cuando menos lo esperaban aparece una isleta que los pudo encallar, porque apareció en ese mar que se atrevieron a cruzar con una decisión jurisdiccional que hizo trastrabillar la embarcación. El duende que custodiaba el cántaro al final del arcoíris les sacudió las aguas donde se deslizaban y les dijo que sus pretensiones no podían ser resueltas en esa travesía.

Los aventureros eran caprichosos y no quisieron dejarse intimidar. Enfrentaron al duende que los quiso detener y le dijeron que lo acusarían ante el dueño y señor del arcoíris. La sentencia se ha dictado y difícilmente podrán revertirla. La barcaza parece que se agrieta y empieza a filtrárseles el agua del mar.

Quizá desistan de alcanzar la otra orilla, esa que se encuentra frente al lugar de donde iniciaron. La sentencia recibida replicará en toda su travesía hasta que se les diga que su aventura concluyó.

Los vientos que creían que les favorecerían, parece que el mismo Poseidón se los estropeo. La barcaza seguro que no resistirá la fuerza de los vientos y de las corrientes que aparecerán. El tribunal del mar, sentenciará que la barcaza naufragará. Las políticas de los hombres no dominarán jamás los vientos ni corrientes en el mar. Remen aventureros a su punto de salvación.

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